martes, 23 de junio de 2015

Expertos en maternidad, una moda

Foto sin fuente confirmada.
Tomada de http://blog.psicoactiva.com/ser-padres-no-significa-ser-proveedor/


Tengo algo abandonado este blog, pero ha sido por buenas causas.

Lo retomo en estos días porque desde hace meses veo con atención algo en República Dominicana: asumirse como expertos en maternidad después que se tiene un hijo o hija.

A ver, esto no es novedad. Muchos de nosotros nos asumimos en nuestras vidas privadas expertos luego de vivir una experiencia personal, y creemos que debemos dar lecciones a medio mundo sobre ello, cuando ni siquiera no las han pedido. La maternidad y la paternidad no escapan de esta presunción.

Esto pasó a los blogs personales, en consecuencia. En mi embarazo, cuando comencé a buscar información sobre lactancia y crianza, me encontré con una gran variedad de blogs sobre maternidad, la mayoría de madres españolas. Algunos hablaban desde la experiencia personal, otros desde mujeres con profesiones que relacionaban a sus artículos: biólogas, psicólogas, maestras, pediatras, asesoras de lactancia. Preferí siempre estas últimas. Ellas y otros blogs de artistas plásticas y dibujantes, cuyas creaciones infantiles y trucos para decoraciones son de apreciar.

En República Dominicana el asunto también se contagió, pero con un agregado que he visto poco en las docenas de blogs españoles que leía y leo con frecuencia. El tema pecuniario.

Así tienes no solo a personas sin ninguna preparación, ni estudio ni aval hablando sobre lactancia, sueño infantil, embarazo y posparto; sino que cobran por ello en asesorías.

Ves, por ejemplo, a madres sin preparación ninguna en lactancia, dando asesorías y cobrando por ellas. Inclusive, asegurando asuntos que con una búsqueda en portales de la Liga de la Leche te das cuenta que no son ni ciertas ni aplicables.

Y ya el asunto va en dar seminarios, auspiciados por marcas de sucedaneos de la leche materna...y tienen la falta de tomar ese patrocinio, violando una ley de por medio, para hablar de lactancia. Total contradicción.

Eso sin contar como han problematizado el embarazo y el parto, como si todas las mujeres tuvieran un proceso igual de gestación, como si todas fuésemos a tener el mismo parto. Y con el postparto es peor. En esa etapa, en la que necesitas más que nada compañía, que te hagan los oficios en la casa y te dejen en tu mundo con tu bebé, y una asesora de lactancia en caso de dificultades, te la quieren llenar necesidades innecesarias. Y cobrar por ello.

Se que ahora el mundo de las madres es más solitario, que carecemos muchas de la compañía de otras madres, como una especie de tribu, que nos apoye y ayude en esos primeros momentos cargados de duda. Pero es lamentable que ese hueco sea llenado por personas que, algunas con buena intención otras no, hacen un negocio desde el desconocimiento y el lucro.

lunes, 11 de mayo de 2015

Lactancia y la "normalidad"


Hace casi dos semanas me pasó algo raro, que quizás no debería ser raro.

Fernando tiene más de dos años y medio, unos 31 meses de nacido, y aun es amamantado.

Claro, no es como cuando era un bebé. Las tomas son especiadas, aunque más intensas a la hora que menos quiero que sean, en las noches. Intenté el destete que me funcionó por un corto período y estoy esperando dos cosas: o que se desentienda de la teta o que pueda volver a intentar el destete. Ambas posibilidades, a juicio de sus rabietas nocturnas si no hay teta están postergadas.

Pero el asunto es que las veces que en el día mi hijo pide "teta" (palabra que para él tiene sinónimo de mamá), es algo difícil. Si están en un ambiente con mucho estimulo se le puede olvidar y ya, pero si no...y si hay sueño de por medio, pues el asunto se complica.

El tema es que la familia de la madre, el padre y esposo y Fernando fue a una actividad a la recién finalizada Feria del Libro. Fuimos a la presentación de un libro de un buen amigo, además de buenísimo escritor. Allí no era la única con un niño. Eramos tres madres, incluyendo el hijo pequeño del autor que presentaba.

Fernando entre brincos y curiosidades, pues le llegó el sueño. Me puse en una silla junto a la pared, me había puesto un vestido de tiros fácil de manejar para estos menesteres, y listo. Ahí de manera lo más discreta posible, aunque estaba a una fila de la primera, lactaba a Fernando mientras seguía la presentación.

Mi sorpresa cuando giré la cabeza y me di cuenta que la otra mujer casi a mi lado también lactaba a su hija, que por su tamaño supe que tendría más de un año. Ambas nos sonreímos con complicidad.

En la fila de al lado y en primera línea estaba la esposa de nuestro amigo escritor, también daba el seno a su pequeño, que es un niño de meses.

Por primera vez desde que lactó a mi hijo pasado sus dos años me sentí cómoda en un lugar público. Nadie nos dijo nada. Ni nos miró raro a ninguna de las tres. Ahí estábamos, con los muchachos al pecho, ellas con sus fulares y yo con un paño tapando la parte de arriba del torso. A los pocos minutos Fernando quedó dormido.

Y no se crean, claro que he pensado en medidas drásticas para quitar el seno, en especial porque las madrugadas se me hacen complicadas con la teta. La sábila ha sido una opción pensada, pero ayer una madre con un niño de la misma edad de Fernando me dijo que está en las mismas que yo y que se le ocurrió lo de la sábila. Su hijo se pasó el día vomitando y desistió. También desistí de la idea.

¿Estamos mal? ¿Hasta cuando debemos esperar? ¿Debemos esperar algo u obligar a nuestros hijos con más de dos años a que dejen la teta? ¿Sábila? ¿Dejarlos ser y seguir su ritmo?

Les confieso que la presión propia y ajena es mucha.

martes, 21 de abril de 2015

Los "terribles dos" no existen

Fernando descubriendo lo interesante de jugar con la arena en la playa.


Los famosos y temidos "terribles dos años" no existen.

No he hecho ningún estudio al respecto y me paso por .... los cientos de artículos en que se hablan de los "terribles dos".

No son nuestros hijos quienes se vuelven terribles con los dos años.

Somos nosotros quienes nos volvemos terribles cuando ellos llegan a esa edad.

A los dos años, creo que de manera general, los niños nos muestran sus desacuerdos, sus "no", lo que desean hacer, los que no desean hacer. Se vuelven más curiosos, más determinados en su curiosidad.

Empiezan a ser más ellos y menos el niño o niña que, muchas veces, "hacía todo lo que yo le decía", "se quedaba quieto donde yo quería que se quedara quieto".

Entonces se nos cruzan las exigencias, los juicios de mucha gente (hace semanas estuve a punto de decirle a una señora que se fuera a la mier... si seguía comparando a su nieto "que se porta tan bien" de 9 meses con mi hijo de dos años y medio, y agregando a cada minuto "que era un malcriado" porque a su saludos mi hijo respondía con manotazos para que se le alejará -la ha visto tres veces en su corta vida), y un repentino cambio de un niño tan dependiente al que ya no lo es tanto.

Entonces, no es a los niños a quienes tienen que llamarles "terribles" y "sicoanalizarlos".

Somos nosotros los que necesitamos la orientación para nuestra terrible manera de reaccionar hacia la personalidad naciente de nuestros hijos. Una orientación que nos permita evitar anularlos y minimizarlos.

miércoles, 18 de marzo de 2015

La "culpa"

El sábado en la tarde tuvimos un accidente casero.

Fernando dormía. Yo estaba en la cocina y el esposo en el baño. De repente escuchamos un llanto desesperado y un sonido de tos desde la habitación.

Mi esposo llegó primero. Fernando lloraba y tosía desesperado. A su lado estaban dos pedazos de plástico que eran de un gancho de colgar ropa. Faltaba el click que los unía. El gancho estaba sosteniendo una apertura del mosquitero de la cuna.

Era uno como este.


El esposo trato de buscar el click en la garganta de Fernando y no estaba. Le golpeamos en la espalda. Esto lo hicimos mientras salíamos corriendo hacía el vehículo para ir a la clínica. A mitad de camino Fernando iba sentado, secándose las lágrimas y mirando el panorama.

Llegamos a emergencia y la pediatra no solo nos hizo esperar, sino que vino con toda la calma a decirnos que lo veía bien por lo que suponía que no estaba en peligro. De paso me comentó que ya había atendido a una niña que se tragó una aguja. Creo que no entendía mi desesperación de madre primeriza.

En la camilla, Fernando se revoltea. No tiene nada en la garganta. Se lo tragó.

Le tomamos la radiografía. El click se ve claro, en el tubo digestivo. Hay que esperar que siga su camino. Pasamos mala noche pendiente de Fernando. Él no, durmió bastante bien, aunque muy ñoño.

Al día siguiente, domingo, en la segunda radiografía de control el click estaba en el estomago.

Fernando nunca dio señales de malestar o dolor. Siguió igual de travieso, mientras el esposo y yo pasamos el fin de semana más tenso de nuestras vidas de padres.

El click salió el lunes en la mañana.

En todo este ínterin, no pude evitar sentirme de lo peor. Culpable. Y cada llamada que recibía de algún familiar ahondaba el sentimiento.

No pude evitar pensar que hubiese pasado en un escenario peor. ¿Cuántos padres no han perdido a sus hijos por un accidente casero, por una situación que no pudieron manejar ni prevenir de ninguna manera?

Es increíble como la reacción primera de la gente sea acusar, porque es una reacción, pienso que no es intencional. No puede ser intencional.

El apoyo es lo menos.

¿Qué padre o madre quiere que su hijo le pase algo malo, se provoque un daño? Creo que ninguno. Pero sin embargo, pasan accidentes y mueren niños por esos accidentes. Y a veces pasan de la manera más azarosa, sin que ninguna medida de seguridad pudiera evitarlo.

Confieso que el lunes, en mi alegría luego de que el click saliera del cuerpo de mi hijo, no pude respirar con alivio. Pensé en los otros padres, en los que pierden a un hijo en esas circunstancias. Pensé en un abrazo grande para todos ellos, uno que les sanara la culpa.