Es tarde pare desear feliz año nuevo. No pude hacerlo en ninguno de mis tres blogs por un asunto importante: estaba disfrutando en familia.
Pasado el atareo navideño, estrené el año con varios proyectos en carpeta y uno en acción: 365 días con Fernando.
Resulta que hace poco tiempo saqué una cuenta en Instagram y me pareció algo divertido y bonito de hacer tomar una foto por día a Fernando, algo así como un diario visual. Pero no como sus fotos de carnet de mes a mes que hice de él hasta que cumplió el año, sino tomar una foto que recoja un aspecto de él de ese día, un juego, una sonrisa, una rabieta.
#365diasconfernando es un proyecto muy de ser madre y en el que he tomado un precaución: no mostrar nunca su rostro de frente. Luego que mi hijo cumplió su primer año he decidido limitar sus imágenes en las redes y las que comparto lo hago sin mostrar su rostro. Es un asunto de precaución y de entender que no puedo exponer tanto a mi hijo, que tiene también derecho a una privacidad. Otra política es no subir ninguna foto de él en Twitter. Esa red social no tiene ningún filtro posible para las fotografías.
Esta es la primera foto de #365diasconfernando
Por aquí seguiré escribiendo, contando de lo que pienso y siento como madre. A ver hasta donde se extiende esta reflexión maternal virtual.
Feliz 2014
lunes, 6 de enero de 2014
miércoles, 18 de diciembre de 2013
Lactancia disfrutada (prolongada)
A mi abuela le alegra saber que sigo amamantando a mi hijo. Ella amamantó a sus hijos, supongo que el asunto era de lo más normal en su época (tiene 82 años). Su hijo más pequeño, mi tío Roberto, tomo leche de seno hasta los cuatro años.
El resto de mi familia ni lo condena ni lo celebra. Lo ven y ya. Algunos cercanos que saben que aun sigo lactando a mi hijo de 14 meses me hacen la pregunta usual: ¿Y sigues amamantando a tu hijo?
A esta pregunta se agregan otras. ¿Y hasta cuando le vas a dar seno? ¿Y no está ya muy grande para eso? ¿Todavía tienes leche?
Y expresiones de admiración. ¡Y todavía le das teta! ¡Pero ya no deberías darle el seno! ¡Y le das seno de noche!
Las sugerencias-ordenes tampoco faltan. "Tú tienes ya que quitarle esa teta de noche, para que duerma", "Pero tú no vas a poder dejar con nadie a ese niño", "Lo que lo vas es hacer sufrir, con esa costumbre de darle seno de noche, cuando un día lo tengas que dejar con otra persona"....(Los niños, lactados o no, "sufren" igual cuando no están con sus padres una noche. Pues es el vínculo lo que se extraña, no la leche).
Si lactar de manera exclusiva a un bebé desde su nacimiento hasta los seis meses es "una rareza", imagínense lo que significa para muchos que le sigas dando tu leche a tu hijo cuando tiene más de un año, cuando "come de todo". Pues, casi un "adefesio".
La Organización Mundial de la Salud dice lo siguiente: "La OMS recomienda el calostro (la leche amarillenta y espesa que se produce al final del embarazo) como el alimento perfecto para el recién nacido, y su administración debe comenzar en la primera hora de vida. Se recomienda la lactancia exclusivamente materna durante los primeros 6 meses de vida. Después debe complementarse con otros alimentos hasta los dos años". Pueden leer más sobre lo que dice la OMS de la lactancia aquí.
La mayoría de las personas ven la lactancia prolongada como algo "sin sentido", pero no te pueden dar razones valederas para justificar su evidente prejuicio. Lo que si parece "normal" (que debería ser la excepción) es alimentarlos con leche de vaca modificada desde que son recién nacidos.
¿Hasta cuando lactaré a mi hijo? Hasta que sea una lactancia disfrutada como lo es ahora.
miércoles, 20 de noviembre de 2013
Esos momentos en que Fernando...
...hay que cambiarle el pañal. Resulta que el pequeño Fernando no le gusta andar muy mojado ni mucho rato "hecho del dos" en los pañales, pues trata de todas la maneras posibles de quitárselo, y lo ha logrado. El asunto es que cuando logra estar libre de ellos, pues corre a mil por uno para disfrutar, supongo, de "un nuevo aire". Y, a veces, hasta con su sonrisita. Ponerle un pañal es toda una proeza, y más cuando insiste en andar cual Adán en miniatura. Y claro, el perseguirlo, inmovilizarlo (sea de pies o sobre la cama) incluye artilugios como poner a Baby TV, dejar que babosee el control remoto o pasarle cualquier objeto de su deseo, que nunca es un juguete. A mí me sirve de ejercicio.
...quiere ver The Muppets. Pensé que con la reciente y creciente admiración por Baby TV, sus muñecos favoritos y protagonistas de su primer cumpleaños iban a convertirse en asunto del pasado. Pues no. Desde que ve la laptop sobre la mesa, me mira, hace uso de su "lenguaje cifrado", me sonríe y vuelve a mirar la laptop. Si ve que no hago caso, pues saca una silla (casi siempre la que queda en el extremo donde calcula que está más cerca la laptop), se "empina" en sus pies y estira su brazo (derecho o izquierdo). En más de las ocasiones que puedo recordar he salvado la laptop de caer en picada libre al piso. Hace unos meses fue víctima de su amor incondicional por The Muppets y sacó de su sitio la tecla de la letra X. Cuando quiere ver The Muppets, quiere ver The Muppets.
...encuentra la puerta del baño abierta. O en su defecto, mal cerrada, su paraíso se hace realidad: el inodoro. Sé que no es el único bebé del mundo con esta, digamos, curiosidad por los inodoros, pero eso no significa que no me trastorne los nervios de vez en cuando cuando lo escucho gritar "aqua" y lo encuentro chapoteando con las manos el agua del inodoro o a punto de hacerlo. ¿Cuando será que acabará su pasión por estos dioses blancos?
...quiere subir las escaleras. Sabía que después que logrará bajarse solo de la cama y subirse al mueble, las escaleras serían una aventura atractiva para el pequeño Fernando. No me equivoque. Cuando regresamos de nuestras salidas mañaneras (a pasear, para él, y para comprar al mercadito o al colmado, para mí), se suelta de mi mano en el preciso momento en que ve las escaleras. No tengo más remedio que seguirlo detrás, mientras el escala hasta el segundo piso, con chillidos de alegría incluidos. Lo bonito es verlo celebrar, aplaudiendo, cuando llega a la puerta del apartamento. Ni Rocky en las famosas escaleras del Museo de Arte Contemporáneo de Filadelfia.
En esos momentos, a veces, pienso lo rápido que pasa el tiempo. Ya este bebé no es tan bebé.
...quiere ver The Muppets. Pensé que con la reciente y creciente admiración por Baby TV, sus muñecos favoritos y protagonistas de su primer cumpleaños iban a convertirse en asunto del pasado. Pues no. Desde que ve la laptop sobre la mesa, me mira, hace uso de su "lenguaje cifrado", me sonríe y vuelve a mirar la laptop. Si ve que no hago caso, pues saca una silla (casi siempre la que queda en el extremo donde calcula que está más cerca la laptop), se "empina" en sus pies y estira su brazo (derecho o izquierdo). En más de las ocasiones que puedo recordar he salvado la laptop de caer en picada libre al piso. Hace unos meses fue víctima de su amor incondicional por The Muppets y sacó de su sitio la tecla de la letra X. Cuando quiere ver The Muppets, quiere ver The Muppets.
...encuentra la puerta del baño abierta. O en su defecto, mal cerrada, su paraíso se hace realidad: el inodoro. Sé que no es el único bebé del mundo con esta, digamos, curiosidad por los inodoros, pero eso no significa que no me trastorne los nervios de vez en cuando cuando lo escucho gritar "aqua" y lo encuentro chapoteando con las manos el agua del inodoro o a punto de hacerlo. ¿Cuando será que acabará su pasión por estos dioses blancos?
...quiere subir las escaleras. Sabía que después que logrará bajarse solo de la cama y subirse al mueble, las escaleras serían una aventura atractiva para el pequeño Fernando. No me equivoque. Cuando regresamos de nuestras salidas mañaneras (a pasear, para él, y para comprar al mercadito o al colmado, para mí), se suelta de mi mano en el preciso momento en que ve las escaleras. No tengo más remedio que seguirlo detrás, mientras el escala hasta el segundo piso, con chillidos de alegría incluidos. Lo bonito es verlo celebrar, aplaudiendo, cuando llega a la puerta del apartamento. Ni Rocky en las famosas escaleras del Museo de Arte Contemporáneo de Filadelfia.
En esos momentos, a veces, pienso lo rápido que pasa el tiempo. Ya este bebé no es tan bebé.
martes, 12 de noviembre de 2013
Un particular árbol de Navidad
La vida cambia tanto con un hijo, que hasta las costumbres navideñas cambian con ellos.
Luego de dar vueltas y vueltas, ante el peligro que significa poner extensiones de luces eléctricas (que el esposo pegó de inmediato el grito al cielo con el tema, de que nada que ver con electricidad), buscando en internet una opción alternativa de árbol de Navidad, encontré esto.
Así que, luego de cavilar el asunto, pues se me ocurrió hacer mi propio árbol de perchas, pues en casa hay para regalarle al pueblo si me dispongo. Eso sí, sin luces, que lo intente y el bebo raudo y veloz se dispuso a probar su sabor.
Aquí el resultado.
Aunque en estos días estoy meditando hacerle algunos cambios, pues no parece muy estable y he tenido que usar cinta adhesiva para mantenerlo en su lugar, por ahora ha sido una muy buena idea.
Luego de dar vueltas y vueltas, ante el peligro que significa poner extensiones de luces eléctricas (que el esposo pegó de inmediato el grito al cielo con el tema, de que nada que ver con electricidad), buscando en internet una opción alternativa de árbol de Navidad, encontré esto.
Así que, luego de cavilar el asunto, pues se me ocurrió hacer mi propio árbol de perchas, pues en casa hay para regalarle al pueblo si me dispongo. Eso sí, sin luces, que lo intente y el bebo raudo y veloz se dispuso a probar su sabor.
Aquí el resultado.
![]() |
| El no le hacía mucho caso... |
![]() |
| ...pero de vez en cuando su instinto curioso lo empuja a averiguar qué es eso. |
Aunque en estos días estoy meditando hacerle algunos cambios, pues no parece muy estable y he tenido que usar cinta adhesiva para mantenerlo en su lugar, por ahora ha sido una muy buena idea.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



