lunes, 21 de enero de 2013

Las mentiras de mamá

Lo confieso. Soy una mamá mentirosa.

Miento todos los días, cada momento.

Miento descaradamente cuando me preguntan, con la segunda intensión de darme el sermón de siempre, ¿Y tú hijo duerme toda la noche? ¿Ya duerme solo en su habitación? ¿Lo estás cargando mucho?

Miento y miento cuando me opinan "estás cargándolo mucho. Se te va a poner malcriado", "Le debes dar agua al niño", "No le des comida de noche", "déjalo llorar, no se va a morir por eso", "No lo vas a poder sacar de la habitación si sigue durmiendo ahí".

Miento. Con descaro y felicidad.

Así que es muy probable que dos personas que me conocen tengan dos respuestas diferentes sobre un mismo asunto.

Solo me interesa ser sincera en la intimidad de mi hijo y mi esposo.

Así que seguiré mintiendo.

jueves, 10 de enero de 2013

El apego que cura

Mientras estuve embarazada leí mucha información sobre la crianza. Informada decidí la manera en que iba a asumir la crianza de Fernando, proceso que ha contado con el apoyo del esposo y padre del bebo (de una manera que me ha sorprendido gratamente). Entre la información que leí y escuche estuvieron los consejos y reflexiones de la sicopedagoga Laura Gutman. 

Una de las referencias que se fijaron en mí fue sobre la crianza con apego y el efecto de ésta en los caminos de la niñez de las madres y padres, en especial de las carencias que como bebés y niños pudimos tener frente a la crianza que nos dieron nuestros padres. 

Apunta Gutman, y lo diré con mis palabras, que la crianza con apego puede despertar nuestras carencias infantiles, como una especie de espejo que nos hace mirar eso que quizás faltó, que no estuvo. Ausencias, maltratos, desapegos. Y el apego a nuestros hijos, el criar con respeto y cercanía es un vehículo que no solo nos muestra lo bueno y malo de nuestra propia niñez, sino que nos lleva a superar esos huecos que puedan existir.

Y recuerdo esto porque es algo que ha pasado en mí. Es difícil y te quiebra. En mi niñez tuve dos grandes ausencias con mi madre. La primera con menos de dos años. En ese momento mi madre necesitaba una intervención quirúrgica de las tiroides y estaba embarazada. La solución fue viajar de Venezuela a República Dominicana, donde residía su familia, y no enfrentar prácticamente sola su convalecencia después de dar a luz y ser intervenida. Y así fue. Por alguna razón ella decidió volver con mi hermano de tres meses, luego de recuperarse de la operación, y dejarnos a mi hermana y a mí por casi un año a cuidados de mi abuela.

Mi abuela me cuenta que yo no paraba de llorar. Tanto así que mi hermana mayor me veía y me preguntaba "¿Muchacha, ¿y por qué lloras?". Me la pasaba entre las piernas de mi abuela, dicen mis tías. Mi abuela, mi bendita abuela, me cargaba, me acurrucaba, dejaba que durmiera en sus brazos todo el tiempo que quisiera. Todo con tal de calmar la ausencia de mi madre, pues era eso lo que todo mundo me dice que me hacía llorar tanto. Cuando mi abuela me habla de ese episodio de mi vida veo como se le aguan los ojos e imaginó, porque al final de cuentas terminé viviendo con ella, todo el cariño que me dio tratando de suplir el de mi madre.

Ahora que soy madre, que miro a mi hijo, que lo abrazo y lo beso, que duermo con él, que lo amamanto, no puedo evitar pensar en esa etapa, en verme como esa niña pequeña que lloraba y lloraba. Y no solo lo pienso, sino que lo siento aunque no tenga un recuerdo claro de esa época. Me conforta saber que fui auxiliada por el cariño de mi abuela, por sus brazos, por la paciencia con la que sé trató a esa beba dolida. Hoy, cuando hablo con ella mientras carga a Fernando, sé lo importante que fue para mí su refugio, su apego.

También sé que el camino de crianza que he decidido tener con mi hijo va confortando mis propias carencias, mis huequitos. Un proceso que no puedo explicar del todo por más que intente, que duele, que me desfigura, que me rehace. 

Ahora sé porque ya de adulta me sentaba en las piernas de mi abuela y la abrazaba, y aun lo hago cuando la visito. 

Por eso mi abuela es madre doble, no porque sea la madre de mi madre sino porque su amor de apego salvó la niña que hoy se mira en el espejo de Fernando.




martes, 1 de enero de 2013

Nuevo año, nuevos retos

Empecé a trabajar dos días antes de que el 2012 terminará. Todo un cambio luego de pasar casi tres meses solo dedicada a ser madre, si otro oficio que no fuera ese.

Me alegro de que a pesar de comprar leche de fórmula ante el temor de no lograr ordeñar leche suficiente de mis senos (no puedo guardarla en grandes cantidades porque en República Dominicana lo habitual son los apagones prolongados) no ha sido necesario usarla. Hoy le dejé en la nevera 14 onzas de leche y me acabo de ordeñar en el trabajo ocho onzas que tengo guardadas en un telmo con hielo (o mejor dicho, con dos pañales desechables mojados y congelados. Más efectivo que el hielo).

Les confieso que me siento feliz de reintegrarme a mi trabajo. Amo lo que hago. Amo ser periodista con todo y que es una carrera bastante cuesta arriba. Pero no les miento si les digo que me hace falta estar con mi gordo, abrazarlo, besarlo, jugar con él. Lo bueno es que está en buenas manos. Lo va cuidar la esposa de un tío de mi esposo y lo mejor es que lo cuidará en casa. Además, mi hijo es un bebo con suerte. Estará con su madre toda la mañana hasta las dos de la tarde y luego con su padre a partir de las siete de la noche.

Así que además de la alegría de iniciar el año con una familia de tres, estoy feliz de hacer el esfuerzo de continuar con la lactancia. Ando con mi ordeñador en la cartera y mis bolsitas. Estoy dispuesta a ordeñarme aunque este cubriendo una sesión en el Congreso de la República.

A todos los que me leen, lo mejor para estos próximos 365 días.

lunes, 17 de diciembre de 2012

Mitos y más (o porque la sabiduría popular no es tan sabia)

Contrario a lo que se piensa, la sabiduría popular no suele ser tan sabia. Durante mi embarazo, post parto y actual estado de crianza, escuché y he escuchado las más descabelladas sugerencias, opiniones y consejos (muchos de ellos sin ser solicitados, la mayoría) que no resisten ni la más mínima dosis de sentido común.

Como algunas me resultaron unas joyas del más intenso sin sentido, no puedo resistir compartirlas. Espero no herir el deseo de bien de nadie, pero es que hay cosas y "cosas".

Durante mi embarazo

"No comas concón porque se te pega la placenta". Para los no dominicanos, el concón es el arroz quemado que se pega de los calderos. Es riquísimo de comer, sobre todo con habichuelas. Aun cuando recuerdo este consejo me da un ataque de risa. Sigo sin entender la relación.

"Es hembra (varón), ¿verdad? Porque la forma de tu barriga es de hembra (varón)". Las "sonografías visuales" fueron uno de los episodios más recurrentes durante mi embarazo. Me sorprendía con la seguridad que muchas señoras me decían "es hembra", cuando desde las 14 semanas sabía que era varón.

"Toma leche de magnesia, para que salga clarito". Aparte de racista...que tiene que ver la magnesia con el pigmento de la piel...pues nada. Solo sé que sirve para calmar la acidez propia de esa etapa, y esto me recuerda...

"Si tienes mucha acidez es porque tu bebe tiene mucho cabello". Tomando el punto anterior creo que esta afirmación es bastante descabellada.

"No cruces las piernas. No cruces los brazos". Por más que pregunté no me dijeron una razón lógica, solo la siguiente enigmática frase: "Porque es malo".  Juro que no me exploté a carcajadas por respeto a la persona que me lo dijo.

"¡No te sobes tanto esa barriga que vas a malcriar a ese niño!". Creo que envié más de una mirada "asesina" a unos cuantos extraños en carros y guaguas. Era mi panza y ¡cuánto disfrute esa panza! ¿Cómo que no la acariciara? Si hacerlo era malcriarlo, imagínense lo que hizo que creciera dentro de mí, junto a mi corazón, comiendo a la hora que quería, durmiendo a la hora que quería. Mi hijo debe ser el ser más malcriado del mundo...y todos los que nacimos desde el origen de los humanos jajajajjajaj

Durante el post parto

Debo decir que esta es la etapa en la que más consejos incoherentes e hilarantes se hacen presentes. Les aseguro que a veces me sentía como espectadora del más alocado monologo. Estas son algunas de las joyas que me regalaron.

"No lavarse el pelo hasta que termine el riesgo (puerperio)". ¡Todavía hay gente que cree que esto es una medida de salud! Y esto va sumado a ponerse medias el día entero, amararse un paño en la cabeza y estar encerrada dentro de la casa. Podría entender que en otra época cuando existía menos acceso a la medicina estas medidas fueran precautorias y necesarias. Pienso en baños fuera de la casa, miedo por infecciones. Pero hoy en día...si  me médico me dijo al darme de alta al día siguiente de parir que si quería podía pasar por el salón de belleza.

"No comas carne de cerdo". ¿Alguien me puede explicar esto?

"Tienes que darte un purgante para limpiarte". Mi pregunta fue ¿y que conexión tiene el sistema digestivo con el reproductivo en una mujer? La sugerencia me fue dada por mi abuela, mi madre, tías y varias mujeres más. Obvio, no tome ningún purgarte.

Durante la crianza...y las que me faltan

Estos "consejos" son los de nunca acabar: Entiendo que quieran ayudar, pero...

"Si botas los protectores sucios de leche y le pasan hormigas, se te seca la leche de los senos". Oí esto dos veces en mis primeros días de lactancia (porque cuando bajó la leche de mis senos, era mucha) y les confieso que no se si debía reírme o explicar que era algo ridículo...

"El calor de ustedes les hace daño". Esta la había oído antes y me saca mis casillas internas. Y te la dicen cuando te ven que cargas a tus hijos más de tres veces, o cuando lo vas a consolar cuando llora y no es hambre ni cambiarle el pañal, o cuando comentas que los pasas a tu cama ¿Cómo...cómo el calor corporal de mi esposo y mío le haga daño a nuestro hijo? ¿Y el no es producto precisamente del caloooooooooooooor de nosotros? ¿No es lo más natural del mundo que  nuestro calor lo calme, lo consuele y conforte?

"Debes acostumbrarlo a que duerma la noche entera". Una cuestión, ¿la noche entera de quien? Porque si es la mía, ocho horas...¿es acaso mi hijo un adulto? Todo lo que he leído sobre el sueño de los bebes contradice este loco comentario-consejo. Lo peor es que califican como "buenos" a los niños que duermen "la noche entera" (algo que me suena a mucha mentira). O sea, que los "malos" son los que no lo hacen, los que no se comportan como los mayores quieren, los que o son bebes sino adultos en miniatura. De paso, les dejo un estudio al respecto que vale la pena leer El debate científico sobre la realidad del sueño infantil.

"¿No le vas a complementar la alimentación?". Quiero y deseo darle solo leche de mis senos hasta los seis meses. Se que se me hará difícil cuando empiece a trabajar en dos semanas, pero lo intentaré. Hasta ahora la alimentación de mi hijo ha sido solo lactancia. Ni agua, ni nada más. A demanda, cuando el quiere. Lo difícil es que la pregunta no solo me la han dicho algunas mujeres (amigas y familiares), sino...el mismo pediatra. Resulta que lo natural, parece hoy en día, es no lactar a los bebes.

"Dale agua". No, no señores. A los bebes lactados no se le da agua. La leche materna tiene todo lo que necesita, incluyendo saciar su sed. Por algo se la doy a demanda. Y sí, a demanda hasta dentro de dos semanas. Que mejor que dedicar todo mi licencia de maternidad a darle la teta cuando el quería, por hambre o por sed o por consuelo.

Estos son algunos de los mitos, y los que más recuerdo. En verdad, trato la mayoría de las veces de hacerme oídos sordos a los "sabios consejos". No les miento que me he enojado de vez en cuando, aunque trato de disimularlo. Entiendo que tras ellos hay intensiones buenas, pero equivocadas. Son mensajes y costumbres que pasan de generación a generación, de mujer a mujer, sin cuestionarlas. Pero yo sufro del mal de cuestionar, en particular aquellas cosas a las que no le encuentro ni pies ni cabeza.