jueves, 23 de mayo de 2019

El niño crece

Soy yo.
Un tiempo sin escribir sobre esto de ser mamá.

Fernando crece.

Lo veo y recuerdo mi propia niñez, ya tan borrosa, marcada por esta vida de adulta.

Fernando ahora no tiene ese peso. Es un niño con mucha energía, que ha avanzado bastante en su camino de ser como es, como la azarosa decisión de la vida, fortuita, sin cartas marcadas, decidió que tendría que ser.

Pregunta ("¿Qué es eso, mami?). Bromea. Me da besitos y me dice "te quiero" para ablandarme y obtener lo que quiere.

Le gusta el basketball y parece jugarlo bastante bien.

Sabe sumar cifras pequeñas, escribir su nombre, escribir mamá, papá, castillo...

Repite y repite los capítulos de Masha en Netflix, también los de Peppa Pig. Dejó atrás su obsesión por las intro de las películas (¡Menos  mal!).

Casi todas las madrugadas se levanta, cruza el pasillo, y se sube a la cama de mamá y papá.

Es feliz, sin duda. Es amado y nos ama.

Mientras sigo pensando en su futuro, el sigue viviendo el presente con un frenesí que a veces me hace desear que no crezca. Pero crecerá.

Y yo con él, de alguna manera.

martes, 5 de febrero de 2019

La pena

Si algo tiene que enfrentar un padre o una madre que tiene un hijo o hija con alguna discapacidad, por mínima que sea, es la pena de los demás.

Porque antes del posible acoso a niño o niña en la escuela, los primeros que enfrentan el "bullying" son los padres de estos niños.

"Ustedes tan bien y ahora con ese niño con ese problema", "¿Hay alguien así en su familia", "¿Y eso se puede diagnosticar antes de nacer?", "Ese pobre niño enfermito".

Y no, no importa que la situación sea leve, alguien en algún momento usará esa expresión, que suele venir de familiares.

¿Cómo respondes a "la pena"? No respondes, aunque a veces duela, aunque a veces quisieras decirles que no, no es "un enfermito", tiene algo que superar, que está superando.

Porque a veces las explicaciones no son suficientes, y algunas personas no las entienden, o no tienen capacidad de entender.

Al final es algo que se sabe que hay que enfrentar siempre, la pena. A veces expresada como una condolencia, como si estuvieran dando palmadas o abrazos en un funeral, frente a un ataúd.

Es posible que la pena sea un cliché, un "salir del paso", un "no sé que otra cosa decir".

Todos sentimos pena alguna vez, pero como en los velorios sería bueno acompañar en silencio... más si se tiene amor a pesar de la pena.


miércoles, 19 de diciembre de 2018

Fe

Observarte sentado, aplaudiendo. Señalar al Santa Claus, seguir las instrucciones de tu profesor, enseñar el carro de juguete que te regalaron, sonreír por tu regalo, posar para la foto (sólo sonrisas para las foto de mamá), dejarte pintar globitos en el cachete izquierdo.

Despedirte de tus compañeros, con mucha efusividad, eso sí, pero tratando de decir sus nombres de manera correcta, abrazar a algunos.

Expresar tu cariño por los que siempre están alrededor de ti, pedir abrazos, dar besos espontáneos. Decirles sus nombres.

Ver la palabra oso y leer "oso".

Irte a dormir con Mickey porque tu papá te dijo que es tu compañero de sueño y ahora te acompaña a dormir. Llevarlo contigo a la cama de papá y mamá, donde pasas a dormir las últimas horas de la madrugada como todos los días, en el feliz abrigo de tus padres.

Responder de qué color son tus zapatos, el cielo, el plato, el vaso, la silla.

Dibujar a las niñas de tu escuela rodeadas de flores, dibujar casas, niños entrando a la casa, dibujar el sol, las nubes.

Buscar la luna en la noche, señalarla y decirme. "Luna".

Tomar mi mano y esperar que los vehículos pasen para cruzar la calle. Observar el exterior desde un autobús.

Darme besitos para que te dé el móvil...

Que tu profesora me diga que tomaste los exámenes, tus primeros exámenes escolares, sin mucha ayuda.

Pedirme que te lea.

Decirte "vamos a bailar" y que tome mis manos y empieces a mover los pies y la cadera, sonriendo.

Escuchar tus buenas noches y tus buenos días.

Saber que cada día, paso a paso, construyes un puente con el mundo, tu mundo.

Fe... fe en ti.

lunes, 17 de septiembre de 2018

El teléfono

Foto tomada de www.vasderetro.com


Con un vocabulario limitado, pero si que muy dispuesto, el hijo ahora pelea por contestar el teléfono.

La carrera es frenética cada vez que el timbre suena, y por una obviedad de tamaño y energía siempre a mil, mi hijo tiene todas las ventajas de llegar primero.

Hace un rato llamé a casa. Supuse que Adeline, la chica que me ayuda en casa, no le ganaría la carrera.

- Hola

- Hola, Fernando. ¿Cómo estás?

- Bien (y luego me dice algo que no entiendo bien, pero supongo que me habla de lo que ve en la televisión)

- ¿Estás viendo televisión?

- ¡Sí!

- ¿Tu tía Adeline está ahí?

- Sí

- Pues pásame a tu tía

Pero el afán telefónico no se limita al aparato fijo que está en la sala de la casa.

Ayer, domingo, me pidió hablar con su abuela por Whatsapp.

- Cuchi, mamá.

Hice la video llamada. Y me doy cuenta que no solo la quiere saludar, sino que pone el móvil en algún lugar donde asume que su abuela lo puedo ver lanzando la pelota a la canasta de basketball, o bailando o haciendo cualquier otra cosa.

Más tarde, secuestró mi móvil.

- Mi hija, tu hijo me llamó. Estaba hablando con él.

Era mi madre, llamando desde Nueva York. Y yo miro a mi alrededor y me doy cuenta que no tengo el móvil cerca.

Viene por el pasillo le veo el móvil. Me despido de mi madre y le pido el aparato.

Así compruebo que ha llamado a unas 10 personas de mi lista de Whatsapp y algunos me han enviado mensajes preguntándome si los había llamado.

Me pase los minutos siguientes respondiéndoles: "Disculpa, fue mi hijo".